Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo, sino que primero has de evocar en los hombres el anhelo de mar libre y ancho. Antoine de Saint-Exupéry
El 23 de enero se celebra el Día Mundial de la Libertad.
Pocos términos de nuestra lengua son más versátiles, a la vez que trascendentes. La libertad, además de su sentido profundamente espiritual, no solo tiene una connotación épica, un significado filosófico y un lado romántico; sino que se relaciona estrechamente con materias como la justicia, la economía, la política, los derechos humanos y, por supuesto, con el arte.
Pasando a algo más terrenal, en el mundo del trabajo hay una categoría de profesionales llamada freelancers. Son quienes ejercen su profesión sin un compromiso a largo plazo con un empleador. La palabra se puede traducir como "independiente" o "autónomo", pero entonces pierde su mejor parte: la raíz "free", es decir, libre. Y ser independiente o autónomo no es lo mismo que ser libre, por eso prefiero utilizar la palabra en inglés.
Un freelancer (un "lancero libre") es, por el origen de la palabra, alguien que literalmente da la batalla y que está dispuesto a pagar el precio de no ser un esclavo. Desde la época medieval, específicamente desde los tiempos de Ivanhoe (el siglo XII), los freelancers eran guerreros contratados por quien pudiera pagar su precio. Podían dar la vida por su señor en la guerra, pero el señor nunca llegaba a ser su dueño.
En tiempos algo menos épicos y ciertamente no tan románticos, los freelancers nos comprometemos con nuestros clientes a menudo hasta más allá del deber, pero conservamos intacto el don de la libertad.
¿El precio que pagamos? Además de renunciar a la estabilidad en el ingreso, nos desprendemos de las llamadas prestaciones que conllevan los empleos regulares: el doble sueldo a fin de año, las bonificaciones, el seguro de salud y la pensión para la vejez.
¿Vale la pena? ¡Una y mil veces, sí!
Pero probablemente no para todo el mundo, sino solo para los espíritus libres.
La responsabilidad que conlleva el estatus de freelancer es muy grande y cuando hay familia, puede ser descomunal. Ser freelancer en estos tiempos requiere nervios de acero, niveles muy altos de persistencia, disciplina y confianza en uno mismo, habilidades de comunicación por encima de la norma y, naturalmente, una dosis generosa de amor por la aventura.
La facultad más alta del espíritu, y por tanto del ser humano, es el poder de elección, que es otro modo de llamarle a la libertad. Es por eso que en el arte (la forma más exquisita de la comunicación), es donde la libertad vive muy feliz y a sus anchas. Es en el arte que ella se manifiesta creando, recreando y volviendo a crear, una y otra vez. Y pienso que debe ser también por esa razón que en el campo del arte y la comunicación los freelancers estamos como peces en el agua.
Mis clientes constatan que, como freelancer de toda una vida, mi compromiso con cada uno de sus proyectos es para mí algo irrenunciable. Y, sí, estoy a TU disposición para la aventura.

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