Obra del maestro de la arquitectura moderna dominicana Rafael Calventi, el monumento a la memoria de los héroes de la Restauración se halla en la provincia Dajabón, al noreste del país, próximo a Loma de Cabrera… literalmente, en medio de la nada.
El Grito de Capotillo proclamó el inicio de la guerra restauradora de la República Dominicana contra la ocupación de España. El 16 de agosto de 1863, un grupo de patriotas dominicanos cruzaron la frontera desde Haití, se reunieron en el cerro Capotillo con otros compañeros e izando allí la bandera nacional declararon el inicio de la guerra que restauró nuestra independencia.
Dispuesto de Este a Oeste, se compone de tres partes o etapas.
En la entrada, a unos 100 metros de la carretera y tiradas como al descuido, yacen unas rocas que unidas al conjunto de columnas truncadas representan para mí el pasado: las derrotas, los caídos.





La parte central despliega dos estructuras. La del sur, una especie de pirámide trunca, masiva, remata en un admirable voladizo que parece avanzar hacia la estructura norte, que alta y ligera se empina apuntando al cielo, la más alta aspiración humana. Porque ese volumen que avanza resultan ser los patriotas que participaron en la gesta, inmortalizados en la escultura de Antonio Prats Ventós, ese catalán que vino, se quedó y se hizo nuestro. Al contemplar la interacción de estas dos piezas arquitectónicas durante un recorrido, la cruz de nuestra bandera parece insinuarse entre ellos, mostrándose y escondiéndose, como si flameara al viento.
La tercera etapa, para mí el futuro, es la libertad imperecedera, representada por la llama de bronce que surge de un círculo, símbolo por excelencia de lo infinito del tiempo.
Hay un cuarto elemento, que aunque técnicamente no forma parte del monumento es de algún modo su razón de ser: la bandera dominicana izada en la cumbre del cerro Capotillo a unos 300 metros del conjunto y que puede verse entre las estructuras centrales al mirar hacia el oeste.
Sólo un verdadero artista consigue articular concepto, diseño y tecnología de la construcción de forma tan simple y majestuosa que logra transmitir no solo lo ocurrido aquel 16 de agosto hace 160 años, sino la emoción que produce esa herencia nuestra de valor, responsabilidad y patriotismo que son los ingredientes de la libertad.
El arte es una forma muy especial de comunicación. De ahí la importancia de contratar a un profesional para que se encargue del diseño y la comunicación de tu proyecto.
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